Peñas, cuevas y fuentes de los Moros en el Día de San Juan en Navaluenga

Artículo de Juan Carlos Grande Gil

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Peñas, cuevas y fuentes de los Moros en el Día de San Juan en Navaluenga
O.R.R
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Moro o mora es la denominación popular de los espíritus ancestrales locales o numina loci que habitan en las peñas y cuidan los tesoros del 'Mas Allá'. En las sociedades Animistas las rocas, los árboles, los ríos, las montañas estaban dotadas de Alma y eran habitadas por Dioses. Para estas comunidades si una roca tenia una forma particular que les sorprendía, significaba que los dioses lo habían realizado por lo tanto los dioses habitaban en ella.

Moro puede proceder de la palabra celta *mrwos derivada del indoeuropeo *mr-twos, raíz de la que procede igualmente la palabra latina mortuos que significa muerto o bien del celta mahra o mahr que significa espíritu.

En el estudio en el que participaron entre otros reconocidos investigadores, el profesor Martín Almagro-Gobea, sobre el estudio 'El Paisaje Sacro' de Gorrovillas de Alconétar (Cáceres), editado por la Revista de Estudios Extremeños en 2017, señala que estos 'moros y moras' del imaginario popular son, en realidad, espíritus de los muertos, que deben identificarse como 'numina loci' o divinidades ancestrales del terriorio a los que había que propiciarse.

Son muchas las leyendas que hablan de moras que habitan una cueva, aparecen en una roca o se manifiestan en ríos o fuentes. En el Valle del Alberche podemos encontrar leyendas de moras encantadas que aparecen, fundamentalmente en la Noche de San Juan, en rocas y cuevas. En Burgohondo podemos encontrar esta leyenda en Puente Arco, en Navatalgordo en la Peña de la Mora, donde se cuenta que en la noche de San Juan se aparece una joven mora vestida de blanco y se peina en una fuente cercana, llamada el maniantal de Las Rozas.

Existen muchas noticias orales sobre el hallazgo de tesoros en caminos, cerca de fuentes o en peñas que se asociaba a la presencia de comunidades islámicas que se habrían establecido en el Alberche, con la conquista de estos territorios, a partir del año 711. En numerosas ocasiones se ha asociado a estas comunidades el hallazgo de tumbas de forma casual durante la realización de tareas agrícolas, como fue el caso de las tumbas del Cerrillo de San Marcos. Estas leyendas habrían tomado el nombre del latín maurus-a en relación con los habitantes de Mauritania.

En el caso de Navaluenga, existen lugares cargados de leyendas como La Cueva de la Mora y la Fuente de la Mora. También podemos ver el Canto del Moro con sus tesoros escondidos y la mágica Silla de la Novia, con su ritual de fertilidad.

A Todos estos lugares podríamos englobarlos como 'Peñas Sacras', peñas cuya sacralidad implica una acción humana, un gesto litúrgico necesario para su función ritual. El profesor Martín Almagro-Gorbea en su obra 'Sacra Saxa' define que ?son los mitos y ritos lo que dan ese carácter y los que permiten precisar que se trata de una peña sacra, pués es su función lo que permite deducirlo?.

Lyenda Cueva de la Mora

Muchos aseguraban habe visto una joven mora, tal vez princesa, salir de la Cueva de la Mora para bañarse en las frías aguas del Alberche. Cuenta una leyenda que cuando las tropas cristianas reconquistaron el Valle del Alberche obligaron a la familia de la joven a marcharse de Navaluega.

Dice la leyenda que la muchacha se ocultó en la montaña viviendo en una cueva y nunca más se supo de élla. Se habla que nunca dejó Navaluenga, sin saberse si estaba viva o muerta. Dice la leyenda que en las noches de San Juan puede verse a la joven peinandose junto al río....o a la entrada de la cueva.

Dicen las viejas consejas que una doncella mora, tal vez princesa, estaba enamorada de un joven cristiano que vivía en estas tierras. Cuando Nalvillos Blázquez tomó Escalona expulsó a los musulmanes que habitaban el Valle del Alberche como castigo por la burla de su amada Aixa Galiana.

La joven mora estaba horrorizada con la noticia y huyó a la montaña. Su joven enamorado y ella se veían en secreto en los aledaños del puente románico de Navaluenga. Un día el joven marchó a la guerra para no volver jamás. Dicen que la joven buscaba cada día la llegada de su amado, salía de la cueva donde vivía y se encaminaba al puente. Muchos aseguraban verla peinándose en la cueva, caminando junto al río, especialmente la noche de San Juan.

Un pastor estaba cuidando de su rebaño en las cercanías de la Fuente de la Mora, con el calor del verano comenzó a tener sed. Se acercó a beber a la fuente y en el agua encontró un hilo de oro. Intrigado comenzó a devanar. Cuando ya llevaba un buen rato se cansó y cortó el hilo. Una voz desde el interior de la fuente le dijo: "Ya me has vuelto a encantar para otros cien años".

 

 

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