Julieta y Romeo en la Biblioteca de Bidebarrieta

Por Eduardo Blázquez Mateos-URJC

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Julieta y Romeo en la Biblioteca de Bidebarrieta
O.R.R
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Estamos en Bilbao, es 28 de diciembre, entramos por dos escaleras palaciegas a un templo-salón de la insigne Biblioteca de Bidebarrieta. Mientras visualizamos los videos de Liuba Cid, obras maestras, van apareciendo colores venecianos tejidos por Julieta.

Observo a Begoña y a Errikarta, están inmersos en las secuencias, es un viaje a lugares soñados en vivencias cómplices. Sus miradas me enamoran, son amigos amados a los que llevo cada día en mi vida, entrelazados a mi alma, beso a los dos desde mis entrañas floreadas. Erri es Romeo (en VERDE), Bego es Julieta (en ROJO). JON es el eclipse.

Los libros, como edificios, traducen un vuelo del más acá al más allá, desde el abismo romántico del amor puro, se sobrepasa la realidad para cantar a la fidelidad desde la diversidad.

Julieta y Romeo, herederos de Polia y Polifilo, protagonizan los manuscritos ideados por Errikarta Rodríguez y Eduardo B. Mateos, se trata de unas creaciones para ser bailadas e interpretadas en el Ultramundo por Alexia. Irati y Ane se incorporan al teatro vasco véneto, miran a sus musas, brillantes en sus narraciones. Las tres ninfas no pierden de vista EL DETALLE WARBURIANO.

Las obras escritas entre imágenes trazan un viaje desde el acto blanco del ballet al teatro expresionista; la pérgola clásica de Francesco Colonna, se va transformando en escenografía telúrica, en las puertas del bosque de Cristina Iglesias en el Museo del Prado; desde la luz a la oscuridad, ambos mitos, logran llegar al paraíso de Eros, espejo del delirio de Orfeo, reflejo de la armonía de Orlando, icono del andrógino.

Al Amanecer, en cada Aurora, Julieta comienza su cabalgata arrojando semillas de flores para abrazar a la madre Naturaleza, motor de sus cambios/metamorfosis.

Julieta quiere llorar con ruedas venecianas elaboradas en la isla de Venus para surcar el cristal de flores.

La pareja de Cisnes, anaranjados por la Aurora, riegan las filigranas de las raíces de Julieta y de Romeo, moradores de Bilbao, tierra de amantes abismales.

Julieta mira por el trasluz de la tronera de su aposento, los árboles se han convertido en una montaña de cenizas en la que emerge el Tartalo.

Julieta navega por los canales de Venecia para canalizar la luz coloreada en el salón de las Guirnaldas.

Saludamos a Thomas Mann, se asume la soledad eterna con activa melancolía.

LAS LÁGRIMAS DE JULIETA-ROMEO-JON se nutren de las correspondencias de las artes, transversalidad e interdisciplinaridad que, bajo el cielo veneciano de Tiépolo, se alimenta de la fuente del jardín de Giorgione para cubrirnos de pétalos de cristal.

Julieta es un alma libre con capacidad para tijeretear la luna, Jon rememora el eclipse de cristal para convertir a Vicino Orsini en Ofelia.

Dante corona a la dama con el laurel de Dafne para sumergirse en las aguas de Vicino, mito revitalizado por Begoña M. Segurola en su disertación magistral.

En tres actos, que construyen una isla, el lector, aislado, percibe los olores del locus amoenus, jardín idealizado que arropa a la bella Julieta florentina, ideal de belleza platónico que va mutándose en la alegoría de Flora. Julieta es la luz y la oscuridad, un orden y un caos plasmados en su cabellera acuática que ilustra el devenir de Bilbao vivificado en la Biblioteca de Bidebarrieta.

Las nubes acuden de la mano para arropar a la pareja atormentada y a su hijo, el salón del edificio ecléctico se alimenta de las coreografías de los cupidos.

Se pone de relieve la fusión natural del universo apolíneo con el ideal dionisíaco, se llega al clímax en el paisaje dual, desde el amor sagrado y profano de Ficino se alcanza la dramaturgia expresionista que lleva al desgarro del acantilado interior.

El sapo se come la sortija, natural, es un sapo veneciano germinado en la isla de Murano revivida en los colores de Bilbao, las vidrieras modernistas subliman los tres libros.

Las voces del agua se imponen, los ecos de las náyades vascas adquieren el olor específico del jazmín para mezclar olor y sabor, para bailar con sonambulismo militar (el Acto Blanco).

Los libros están inundados de mitología (personajes y paisajes), están impregnados de imágenes poetizadas por la pintura renacentista y por el cine expresionista.

Los mitos componen un museo imaginario que entrelazan la literatura bucólico pastoril con los collages neocubistas de derivación soviética.

Ante los libros de luz acuática, las voces (estrofas en prosa) de los arroyos y de los ríos vascos, se sonoriza una iconografía de la fidelidad entre los tres oradores.

Bego y Erri, Julieta y Romeo, fluyen entre las tintas del acto, se funden en los libros, son los tres libros, teatro de Musas.

Miro con sosiego el Parnaso. que recorreré en mi imaginario en conexión con la mitopoiesis vasca.

El Acto Artístico recapitula la gestación de un libro-edificio que estamos escribiendo en sueños Erri, Begoña y yo: LOS VELOS DEL BOSQUE DE DAFNE.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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