Las lágrimas de Jon Kapuleto

Por Eduardo Blázquez Mateos-URJC

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Las lágrimas de Jon Kapuleto
O.R.R
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Lectura estimada: 3 min.

 

LAS LÁGRIMAS DE JON KAPULETO es un libro sobre el hijo de Romeo y Julieta (Editorial Amarante).

Jon Kapuleto se convierte en un príncipe del Renacimiento que mantiene los ideales de las cortes italianas en su castillo-jardín de Arteaga.

La llegada de la familia Orsini a Arteaga, generará enigmas canalizados desde el descubrimiento de lo monstruoso, misterios de amor sobre lo quimérico y la magia, una alquimia amoral inmersa en los paisajes de las armas y las letras de Jon.

Vicino Orsini encontrará en Arteaga el espejo deforme de su belleza siniestra, se transformará en Ofelia para redimirse ante Ceres y Ariadna, ejes de su bosque sagrado de Bomarzo.

Jon Kapuleto y el Tartalo definen la ambivalencia de la liturgia de este libro-museo que, intencionadamente, evita la división en capítulos para adentrarse en el caos de los monstruos.

Entre cartas, entre desvelos, la corte humanista de Arteaga se alimenta de los procesos creativos de la Naturaleza, los bosques se inundarán de transformaciones orquestadas desde las grutas de los montes y los arenales recamados con las perlas de Virginia Woolf.

La visita de Pirro Ligorio impulsará los delirios de locura y de sensualidad en los comportamientos irracionales de los personajes y de los paisajes.

¿Cómo amar la belleza de los monstruos?

El Cíclope Vasco (Tartalo) representa la síntesis de la tierra y el cielo en las antiguas leyendas NOCTURNAS, ahora revisadas por los invertidos.

La imagen del Cíclope, emplumado en Jon Kapuleto, encierra el simbolismo cósmico de los rituales asociados a las metamorfosis. Su máscara encarna la belleza de lo atemporal de lo irracional que, en contraposición a la eternidad, nos advierte de la luminosidad de la telúrica metamorfosis ultramundana.

¡Tiempo eterno sin luz, con sombras ancestrales, cruenta visión de las nubes pintadas por Jon, convertidas en refugio de sus monstruos destructibles y, al tiempo, regeneradores, seres con capacidad para mutarse en LUZ!

Al no liberar el animal interior, se destierra la violencia para penetrar en la templanza del contemplador de nubes de Friedrich que, en acción blanca, recibe el aliento de las aguas vascas.

¡Néctar de un ser irracional, sereno y aéreo, ancestral!

¿El Cíclope, desde la mutilación natural floral, interactúa en nuestros cambios corporales y temporales?

El monstruo interiorizado iguala certeza e incertidumbre para reconocer la violencia romántica, para elaborar el encuentro con la Naturaleza indómita del salvaje.

¡Las pesadillas de la fragilidad se ordenan al escuchar el susurro del dolor, el monstruo interior!

Entre transvases de lo bello a lo siniestro, respondo de la fortaleza del tránsito, de la transmutación del eclipse.

¡Mira el velo de mis lágrimas!

La monstruosidad de las conductas sexuales desordenadas del Cíclope, procedentes de los incunables orientales, se registran en los grabados alegóricos de la biblioteca museo de la Mansión Kapuleto en Arteaga.

El gentil hijo de Julieta y Romeo.

El hijo de Julieta y Romeo nació en el palacio-castillo de Arteaga, vivió en el bosque de Oma, amamantado por una loba blanca; antes de su partida a Florencia, visitó las pérgolas solitarias y apacibles de los jardines vascos; de indecible belleza crepuscular, las floraciones de sus míticas pérgolas aíslan al gentil joven. Jon se inclina ante la insigne pérgola que cubre la tumba de sus padres, sus besos atormentados por el dolor le revelaban el poder transformador de su cuerpo.

Jon (Luna/Soledad, arquetipos) aspiró el aroma nocturno de las plantas de Oma en el bosque de Arteaga, se arrastró con la determinación bajo el musgo.

LAS LÁGRIMAS DE LOS MONSTRUOS revitalizan el amor puro.

La Soledad con Armadura, aliada de la Melancolía (Musa de Jon), aislaba los secretos de libertad.

Certidumbres de belleza, ilimitado secreto, pasión serena, melodías lejanas.

Jon está paralizado, se cubrió con flores la nuca y el cuello, dejando al descubierto la mariposa tatuada, ahondaba en el olor de la soledad mientras se cubría con su armadura plateada.

Jon, callado y austero, se fundía con la penumbra transformadora de las pérgolas doradas. Las flores y las semillas del jardín del palacio italiano de Arteaga, las colocaba en las cajas de Marco Polo, entre gelatina verde, junto a las plantas procedentes de los palacios de los Alba en el Bierzo y en el jardín de Abadía.

Jon porta la armadura planteada, olía a azahar.

Historias cruzadas con desenlace ultramundano.

¡El hijo de Julieta, severo y varonil, es un aventurero héroe extraviado!

Jon peregrina a Florencia, busca el paraíso.

 

 

1 comentario

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usuario anonimo 11/28/2023 - 2:03:27 PM
Quien pudiera ser Prospero y habitar en un mundo de ensoñaciones secreto. Oculto a los ojos de los humanos, paraíso idílico, en el que compartirá escena con Romeo y Julieta. Arenales encantados habitados por monstruos de un solo ojo. Y si cada monstruo formará una pequeña parte de la personalidad de Próspero, y si Julieta fuera el ama de llaves de ese sueño imposible!. Próspero eleva su capa de piedras preciosas, elegante, invisible a los ojos de seres absurdos, incapaces, carentes del espíritu contemplativo. Contemplador contemplado por los ojos de sus monstruos, buscador incansable que siempre permanecerá fiel al sentimiento y pensamiento de su querida Julieta, guardiana incondicional de un sentimiento, de una forma de vivir en libertad. Siempre a sus pies querido Eduardo.
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