El pasado sí importa


Si te has preguntado alguna vez que si el pasado de una persona puede predecir su futuro, te diré que lo más probable es que sí. Las personas no suelen cambiar, al menos no lo suficiente como para ser completamente distintas. El presente artículo no habla de asesinatos, violencia extrema ni violaciones, campos que escapan a  mi dominio.

 

Entrando en un restaurante donde nos íbamos a reunir varios amigos de la infancia pude observar que quitando el físico y alguna cosa más, prácticamente nadie había cambiado nada, al menos en lo que yo consideraba importante. Algunos ya tenían hijos, otros dirigían su propia empresa, no me refiero a eso, me refiero a que uno de ellos dejó de hablarse con otro por orgullo y aún seguían sin hablarse, otro había sido infiel a todas sus exnovias y al contar sus anécdotas se reía sin remordimiento y a otro ni siquiera le importaba quién estuviese allí, solo pensaba en marcharse a casa.

Pasados diez años quien no haya pensado en nada de lo que hizo años atrás para aprender sobre eso es que ha tirado el tiempo, o directamente no lo valora. Hay multitud de pistas que nos indican si alguien vale la pena para mantener una amistad o iniciar una relación de pareja o laboral o lo que sea, pero hay una que tiene que darse en todos los casos y sin excepción: que la persona haya aprendido de sus propias experiencias y lo demuestre con su actitud día tras día.

Quien ha tenido un mal pasado puede arrastrar traumas, manías y adicciones que no puede controlar y sabotean casi todos sus nuevos proyectos. Quien ha robado, engañado, mentido o traicionado puede volver a hacerlo a menos que haya mostrado arrepentimiento para corregirlo. De no ser así la mala noticia es que probablemente lo vuelva a hacer. Casi nadie lo hace, casi nadie cambia en esos aspectos y la ciencia lo demuestra, la dopamina de haber logrado su objetivo, la adrenalina del peligro y las endorfinas que se liberan al no ser castigados hacen que las personas se sientan tan bien que quieren volver a repetirlo aunque sepan que no deberían.

Esta manera de ver y actuar en el mundo causa mucho sufrimiento porque incluso las personas más malas quieren que se las trate bien y se confíe en ellas, solo que sus impulsos son tan fuertes que no pueden retener sus ganas de actuar como siempre lo han hecho. Dicho de otro modo, rar vez las personas hacen daño y disfrutan por ello, lo hacen porque están quebradas por dentro.

¿Conclusión? No queda otra que esperar y observar. Jamás debe darse por sentado que las personas actuarán de igual forma que lo hicieron. Todos, repito, todos tenemos derecho a demostrar que hemos cambiado y que vemos la vida de una manera diferente y a través de ese derecho los demás deberían tener la posibilidad de hacer lo mismo. Lo que no debemos permitir bajo ningún concepto es observar conductas que nos demuestran lo contrario y seguir ahí siendo engañados y traicionados, o algo peor. Una vez se ha descubierto la primera mentira, una vez se ha recibido el primer insulto la veda queda abierta y solo es cuestión de tiempo que llegue la segunda vez, sin excepción. No existe tal cosa como "fue solo una vez por tal motivo". Lo que ha ocurrido no ha sido por un motivo concreto y ya, lo que ha ocurrido es que ese motivo concreto ha delatado una parte de la conducta de esa persona que no conocías hasta que se ha dado el momento oportuno. Por eso tantas personas al enfrentarse a estos casos de maltrato y mala conducta dicen cosas como "es como si no le conociese".

Y en efecto, no conocías a esa persona tanto como creías, y tienes que agradecer que haya sucedido algo que te haya dado a conocer quién era realmente. Siempre es mejor vivir en una verdad dolorosa que en una dulce mentira. Lo que pasa es que a veces el caso contrario también se da. El mundo está lleno de personas castigadas de por vida por un pasado en el que no supieron hacer las cosas de otra manera. Perdieron, y ahora el mundo los trata como a perdedores. Ante una situación así, tanto si es uno el que ha perdido como si es la persona que tiene delante tiene que hacer un alto en el camino y preguntarse ¿es la situación actual igual que la que fue hace años? Si la situación ha cambiado, si la conducta demuestra que así es entonces es la hora de dar o exigir una oportunidad.

Tanto si es para repetirlo como para aprender de él y hacer las cosas de manera distinta, el pasado sí importa. Importa en la medida en que la persona está dispuesta a mejorar o a dejar las cosas como están. Lo que tiene que quedar claro es que somos dueños de nuestras decisiones, por lo que esas decisiones tienen que estar siempre orientadas a hacer algo para que nuestra vida sea mejor, no peor.